De niños filósofos a adultos contradictorios.

“No nos gustan las acelgas” dice el niño filósofo del anuncio de VW Touran. Y es tan verdad como que a ningún niño le gusta que sus padres lo disfracen de marinerito o le hagan pasar largas horas ensayando o entrenando en una actividad que, normalmente, es la frustración de los mayores. Y no es de extrañar, porque los adultos somos mucho más contradictorios que los niños y nos liamos entre lo que queremos ser y lo que realmente somos.



Pasamos la adolescencia sufriendo y haciendo sufrir a nuestros padres, como el adolescente “emo” del anuncio de Renault que ante la pregunta de ¿por qué te vistes así?, afirma hacerlo  para “domesticar sus emociones”, mientras sube y baja un lágrima por su mejilla.

Después, cuando somos adultos, se instala en nuestras vidas el espíritu de la contradicción, sazonado con el sentimiento de culpa por haber sucumbido al deseo. La publicidad refleja muchas veces esta inseguridad y se aprovecha de ella para persuadirnos:   El “No puedo vivir sin ti” de Ikea (o mejor, de Los Ronaldos) retrata  muy bien la búsqueda insegura de la felicidad: “Me dejaré llevar a ningún lugar”. Una excelente pieza en la mejor línea de la agencia S,C,P,F,.

Pero ningún spot  expresa tan bien  lo contradictorios que somos como el de Renault Megane , y su protagonista femenina, que después de engullir medio bote de nata montada de un chorro, le dice a su pareja , que viene de hacer la compra, “¿y la sacarina?”.

 

Hace años que la publicidad en televisión  transita por el territorio de las emociones y ya no presenta a los consumidores como seres organizados, racionales y calculadores. La contradicción entre el deseo y la culpa ocupan ahora su lugar. Como dijo Proust: “El deseo nos fuerza a amar lo que nos hará sufrir”.

Comentario y captura:
Chubea.
::Anunciante:
VW, Renault e Ikea.
::Medio:
Televisión.
::Fecha de publicación:
14/03/2010